lasargantana

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
inicio Otros años 2012-2013 Serranos 2013

Serranos 2013

E-mail Imprimir PDF

Crónica de los tres días recorriendo el gr37

29-30-1 de julio del 2013

Julio, Julia, Rosario, Josep, Isabel y David

1ª Etapa: Losilla de Aras-  La Yesa. Unos 23 km

Desayuno rápido a las 7 y salida en coche hacia Losilla. Tras 20’ dejamos el coche en la plaza del pueblo y sobre las 8 comenzamos la ruta desde la paleta del GR en la carretera a la Puebla de san Miguel.

Ya en los primeros metros comprobamos lo que casi va  a ser una constante en la ruta: la señalización es deficiente, pues no se ha actualizado desde que se creó en el año 2003, y además las marcas prácticamente sólo son visibles recorriendo el GR en el sentido contrario a las agujas de reloj, contrario al sentido elegido por nosotros. A esto se suma la vegetación de esta primavera tan lluviosa. Pero precavidos, llevamos dos tracks diferentes del GR en nuestros GPSs, que van a ser muy útiles.

El paisaje es fantástico. Alejándonos del pueblo, caminamos entre flores y rodeados cada vez más de aromáticas y de sabinas. Es por ello que la sierra que ascendemos es la Sierra del Sabinar. En parte por sendero, trocha o pista, todas vias pecuarias antaño utilizadas por los pastores, llegamos a la cima de la sierra, el alto de las Donzas (1495m) a las 10. Las vistas magníficas de Javalambre y de otras sierras de Teruel y del Rincón de Ademuz. Hacia Valencia también asoman otras montañas que no conocemos. Caminamos por tierra de frontera y allá bajo vemos la población de Arcos de Salinas y el cauce del río que le da nombre. Al sur vemos un paisaje de muelas, la del Poyo, ya sin el castillo, la del  Buitre, etc. Vemos también hacia el sur aerogeneradores recientemente instalados, y en definitiva todo un mar de kilómetros que será nuestro paisaje durante los próximos días.

Descendemos desde el alto y poco después de pasar por el corral abandonado de las Rochas y tras unos 30’ llegamos a unos campos de almendros pertenecientes a la primera de las aldeas de nuestro recorrido, La Torre. Nos reciben unas curiosas esculturas a tan singular y solitario lugar. Al entrar en la aldea vemos a dos niñas cargadas de maletas y de ilusión, pues es su primer día de vacaciones en La Torre. Les preguntamos por el hostal que nos habían recomendado.

A las 11 ya estamos sentados ante una mesa con nuestra primera cerveza y ansiosos por los sabrosos bocatas que nos vamos a zampar: tortilla de queso y pepitos de ternera recién hechos que saben a gloria. Esto pinta pero que muy bien.

Bajo un fuerte sol pero una temperatura agradable dejamos la aldea.. Nuestra próxima sorpresa será La Juana, una sabina de más de 500 años en la aldea abandonada de Cañada Pastores. Después vendrá la aldea de Pozo Marín, con su verónica dedicada a la Inmaculada Concepción, de blanco reluciente. También discurrimos por una pequeña hoz, llamada La Hocecica, presagio de la de majestuosa hoz de Alpuente que nos aguarda el próximo día.

Poco antes de las 2 del mediodía una cruz de madera, típicas de todas las aldeas de esta zona, nos anuncia La Cuevarruz, otra aldea perteneciente a Alpuente que sí está habitada. Nos tropezamos con un niño en bicicleta por sus calles que nos cuenta que el teleclub ya hace años que lo cerraron. Tras refrescarnos en las frías aguas de la fuente de San José abandonamos la aldea y buscamos una sombra en sus afueras para comer. Allí bajo unas sabinas comemos y echamos unos tragos de vino. Descansamos durante una hora, algunos incluso consiguen la reparadora siesta.

Proseguimos, aún nos quedan unos 7 km. Cruzamos un barranco y bordeamos la sierra de las Pedrizas y observamos como el paisaje cambia. Vemos muchos campos de almendros, bien cuidados, también nogales, carrascas y coscojas. Paisaje más mediterráneo a medida que nos acercamos a La Yesa. Poco antes de avistar nuestro objetivo, cruzamos un más que interesante carrascal joven y en la fuente del cerezo descansamos unos minutos. Finalmente, tras cruzar unos lavaderos de caolín y una antigua fábrica de aguardiente entramos en La Yesa por los corrales.

Objetivo cumplido. Muy interesante, se cumplen las expectativas creadas por el libro de Teresa Casquel que desribe el GR. El libro iba a ser de gran ayuda para interpretar y no perder detalle de los ricos paisajes naturales y humanos por los que íbamos a caminar durante los tres días.

Pero el día no había terminado. En la casa nos esperaban unas cervecitas frescas y tras la ducha y una visita al bar local a preparar la barbacoa. Esa noche entre risas y buen rollo, un poco de chanza con la jubilación de Rosario, dimos buena cuenta de unos embutidos que la propietaria de la casa nos había comprado: morcillas, longanizas y chorizos de jabalí. Se me olvidaba, todo regado con vino y las olivas de Rosario. Paseo nocturno y a las 11 a dormir.

2ª Etapa: La Yesa- Alpuente, unos 20 km.

A las 7.15, tras un copioso desayuno, salimos por el oeste del pueblo y retomamos el GR hacia Alpuente: Julio con el GPS a modo de zahorí, Josep con sus habituales bromas y sus bastones tec-tec, Julia eufórica porque su pie estaba respondiendo muy bien, Isabel sin perderse detalle, una oropéndola cantando ya tan pronto, Rosario parlanchina y vital, y yo con el inseparable libro sobre el GR, leyendo y releyendo todas las explicaciones sobre lo que íbamos viendo.

Pasamos por la ermita de san Roque y de san Juan y por un lavadero del siglo XV, todo ello en medio de  fértiles campos de frutales, hortalizas y cereales, y canalizaciones y balsas de riego. En las minas de caolín tomamos la variante que nos lleva a la impresionante hoz de Alpuente excavada por el río Reguero.

El sendero es aéreo y nos muestra con todo su esplendor ambas, la muela y la hoz de Alpuente, sus casas colgadas y las ruinas del castillo con su torre del Homenaje.  Descendemos y cruzamos el arroyo, pues vamos a rodear la muela y entrar al pueblo por el norte. Antes de ascender visitamos la Cocinilla, así llamado un rincón umbrío con cascada que el Reguero ha creado a su salida de una frondosa hoz entre Alpuente y la aldea de las Eras.

Entramos a Alpuente, pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico, por los lavaderos. Vemos a una señora con su nieto y le preguntamos por un bar, son las 9.45. En pocos minutos, en el bar La Cueva, nos sirven una oreja adobada, ensalada y unos bocatas que que devoramos. Todo regado con cerveza y cocacola fresquita. Vaya que si había valido la pena el madrugón! La frase que más pronunciamos: Que bé que estic!

Abandonamos el pueblo por donde llegamos y nos dirigimos hacia el Norte, donde primero pasaremos por Las Eras para  visitar los Arcos, un acueducto del siglo XV. Lamentablemente, la señalización incorrecta nos lleva a seguir el track que erróneamente nos lleva directamente a la aldea de Baldovar sin pasar por los Arcos. Hace calor y decidimos continuar y no retroceder. Salimos de la aldea direccion oeste y nos esperan unos kms de pista por la via pecuaria del cordel de castilla. Tal vez lo menos atractivo de todo el GR, también el calor influye, hoy hace más calor.

Vemos a ambos lados del camino campos de cereales y corrales abandonados. Tras pasar una pequeña capillita o peirón, que aquí llaman verónica, dedicada a  santa Bárbara, santos Senen y Abdon, san Roque y san Blas, decidimos hacer un alto bajo la sombra de un pino.

Reanudamos la marcha y al poco cruzamos el puente de Cambrillas. Estamos a punto de entrar en la Hoya del Hacha. Observamos, gratamente,  al comparar con las fotos del libro del GR de hace unos 10 años, que los campos siguen en producción y que los viñedos en espaldera ganan terreno al cereal. Posiblemente son de la variedad Macabeo y Meseguera con los que fabrican unos caldos blancos de los cuales íbamos a dar buena cuenta esa misma noche.

El camino, más atractivo ahora, alcanza un collado rodeado de una importante masa boscosa donde están los corrales del Hacha. Aquí tomamos la variante que por un pedregoso sendero, primero cruza la cabecera del barranco de la Tejería y después paralelamente a éste nos aproxima a nuestro próximo objetivo, Titaguas, por el norte, desde las faldas del cerro de la Campana,

Pero antes visitamos las pinturas rupestres del Escribano. Casi en Titaguas pasamos por la fuente de la Zarza donde antaño había un lavadero para enfermos. Entramos a Titaguas por su parte alta sobre las 2 del mediodía. Nos sorprende el barrio antiguo de la localidad, pues todavía conserva estrechas callejuelas, recuerdo de sus moriscos moradores, También son destacables algunos edificios, muestra de su pasado y presente agrícola. Hay un itinerario bien señalizado que nos permitirá esa tarde recorrer la parte más interesante del casco urbano.

Necesitamos parada y fonda. Tampoco esta vez va a ser difícil. Encontramos un asador donde comemos de tapas y refrescamos el gaznate con cervecita y gaseosa fresquita. Ensaladas, morro de cerdo, sepia, calamares, patatas bravas, en fin padeciendo.

Nos dirigimos a nuestros aposentos, habitaciones Fuente Vieja, enfrente de la Fuente más vieja del lugar y de un busto del insigne conciudadano, el botánico Simón Rojas Clemente, coetáneo de Cavanilles. Tiempo de asueto. Bien merecido lo teníamos.

Ya fresquitos salimos a dar un paseo por la localidad y cenamos en el mismo asador. Presa y secreto, imagino de los puercos del lugar, una carne tiernísima, con patatas a lo pobre. Más una magnífica ensalada de espinacas y queso de cabra. Y unos postres caseros. Todo ello regadito con los vinos blancos de Llanos de Titaguas. No comment.

3º Etapa: Titaguas- Losilla de Aras unos 22km

Madrugón. A las 6.45 ya estamos en ruta. Nos dirigimos hacia las piscinas municipales. Poco después pasamos por un área recreativa donde hay una rocalla con plantas autóctonas dedicada por los titagueños a su ilustre botánico. Poco después pasamos otra verónica, esta vez dedicada a san Gregorio. Discurrimos por campos de cereales ya listos para segar, campos de almendros y alguna que otra granja.

Paulatinamente, con el frescor de la mañana, nos acercamos a las boscosas sierras que nos separan de Aras de los Olmos. Ya en plena sierra, entre bosques de pinos, fundamentalmente, aparecen llanos como los de la partida de la Mailesa o corrales como los de Matutano que aunque denotan la presencia humana desde antaño, no por ello han perdido esa sensación de soledad tan especial que recuerda a algunos parajes de la montaña de Castellón o incluso del interior de Alicante.

Poco a poco nos vamos adentrando en la sierra y antes de descender al Regajo, importante afluente del Turia que nace entre las muelas del Poyo y del Buitre, decidimos comer algo. Son las 8 y estamos hambrientos, hoy no ha habido desayuno. A partir de aquí entramos en una de las partes más atractivas del GR, la bajada al Regajo es memorable. Allí en su cauce descartamos continuar por su barranco hacia Aras, pues hay mucha maleza y retrasaría la marcha. La dejamos pendiente para una próxima visita, que a buen seguro la habrá.

Seguimos el GR por la ladera opuesta, ascendiendo por la senda del contador, la cual era utilizada por los pastores para contar sus reses. Por bosque frondoso nos dirigimos al alto de las Lomas, 1050m, donde ya son visibles los llanos que envuelven por el norte la población de Aras.

Entramos en la localidad a las 11 y nos dirigimos sin pausa a la plaza del pueblo, donde nos consta hay un olmo centenario que posiblemente fue plantado cuando la aprobación de la Constitución española allá por el 1812. Pero desgraciadamente en el bar en el que almorzamos otro típico almuerzo español, después lo detallo, nos dicen que el olmo se secó y el de ahora sólo tiene 5 años.

Otra vez damos buena cuenta de un almuerzo pantagruélico: bocatas de calamares, lomo con pimiento, tortillas, ensalada, una cebolla dulce y unas olivas partidas estupendas y aderezadas con ajedrea. Tras el almuerzo, callejeamos y admiramos las fachadas de algunas viviendas singulares, como la de la Casa de los Monterde  con balcón esquinado en la calle Caballeros, que dan cuenta del rico pasado de Aras de los Olmos.

Salimos del pueblo por donde hoy perviven unas curiosas huertas tapiadas con muros de piedra y restos de una muralla árabe. Antes de recorrer el exquisito paseo de las moreras nos topamos con un lavadero y parque donde curiosamente hay plantada y en buen estado una sequoia.

Por el cordel de Covatilla y entre campos de cereales, almendros y granjas nos alejamos de Aras. Nos quedan unos 9 km hasta Losilla. A nuestra derecha contemplamos la muela de Santa Catalina, cuya ermita divisaremos algún km más adelante. Tras algún km aparece a nuestra izquierda el Mampedroso y las sierras donde se juntan los Tres Reinos. Dejamos a la izquierda también los corrales abandonados del mas de Soria y Carnicera y el barranco por el que acceder al agreste cauce del río Arcos. A buen seguro futuros objetivos.

Llegamos a un collado y ya el paisaje cambia: aparecen las primeras sabinas y pinos negros, un paisaje más continental, propio del Rincón de Ademuz, por ejemplo. Descendemos al barranco de Escaiz y lo cruzamos. Allí sabiamente aconsejados por la inseparable compañero de viaje, el libro sobre el GR, encontramos Satureja intrincata, Ajedrea o herba d’ olives, y cortamos cuidadosamente unas pocas ramitas para que Rosario prepare sus olivas.

Ascendemos por una vía romana y camino de herradura. Poco después siguiendo el muro de una cañada, entre pinos y sabinas, llegamos a la parte alta del calvario y ya tenemos a tiro de piedra la población de Losilla. En 5’ estamos en su plaza. Son las 2.30 y objetivo cumplido.

Conclusión:

Tres días fantásticos de compañerismo, de paisajes y de empaparse de un territorio y montaña que no hay que perderse. También de buen comer y de buenos ratos difíciles de olvidar. Por supuesto, estoy seguro que darán pie a nuevas aventurillas.

Última actualización el Domingo, 29 de Septiembre de 2013 19:36  

Soledad Vélez y Maika Makovski, “Knife” en Oh! My LOL SON Estrella Galicia

la Marcha de Brian Boru por Víctor Santal

Acceder

Antología con música



¿Quién hay en línea?

Tenemos 19 invitados conectado(s)

Banner