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inicio Otros años 2012-2013 La Zafra y Las Pedrizas

La Zafra y Las Pedrizas

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EXCURSION SABADO 20 de octubre: LA ZAFRA Y SIERRA DE LAS PEDRIZAS (MONOVAR)

Dentro de sí, en su espíritu, se halla viviendo lejos de estos parajes, distante de estos tiempos.
Azorín, El caballero inactual
CURSO ANDARÍN 2012-13
EXCURSION SABADO 20 de octubre: LA ZAFRA Y SIERRA DE LAS PEDRIZAS (MONOVAR) RECORRIDO CIRCULAR: LA ROMANETA-PEÑA DE LA ZAFRA-CASA DE LA ZAFRA-(ALTO DE LAS PEDRIZAS)-BARRANCO DEL LEON-SIERRA DE LAS PEDRIZAS-LA GARAYA-LA ROMANETA
Dificultad: Media
Lugar de encuentro: en La Romaneta, que es un pueblecito cercano a La Romana. Si llegáis desde Monóvar o El Mañá, nada más llegar al pueblo (a La Romaneta me refiero), a la izquierda hay una especie de amplia plaza, que flanquean unas palmeretas. Si llegáis desde Novelda, a la salida del pueblo dirección Monóver o Pinoso, a la derecha, está la misma plazoleta y las mismas palmeras.
Hora: 9 de la mañana
Recorrido de unos 17 km, o más, o menos, que podemos recortar por varios lugares si estamos cansados, tenemos prisa o nos da la gana.
DESCRIPCION DE LA RUTA
La subida a la Zafra es muy bonita. Las lluvias del viernes 28 han limpiado la senda de piedrecillas sueltas. Lástima que inconscientes y temerarios ciclistas la están destrozando de nuevo bajando a velocidades indebidas por lugares dedicados al senderismo desde antes que ellos nacieran.
El 1 de octubre, lunes, era una delicia: el aire era fresco, el terreno en umbría estaba blando y la estimable y ondulada masa de pinos que hay, y que solo se aprecia en su totalidad desde la peña, a pesar de la sequía, ofrecían un aspecto uniforme y elegante.
Lo que no es tan elegante es un “abocador” incontrolado a las puertas del pueblo. Lo encontramos a nuestra izquierda nada más comenzar a caminar por una rambla. Aunque me da la impresión de que, desde la última vez que por ahí anduve, han limpiado el tramo más cercano al pueblo. Es, digamos, un vertedero integral (no selectivo), y casi integrado en el paisaje, donde los futuros arqueólogos podrían hacer una práctica muy interesante y concluyente sobre este estadio de esta civilización. Esta porquería antes se denunciaba, o la denunciaba la propia Guardia Civil, y el Ayuntamiento era sancionado. En este caso, el de Monóvar. Nuestra forma de denunciar es difundiendo un par de fotos (una imagen vale más que mil palabras). Feo contraste con el verdor y la belleza de las parcelas de uva embolsada. ¿No hay inspecciones sanitarias?
La rambla se convierte en camino, pasamos por unas casas semirrupestres, doblamos a la derecha, en la casa Salfarines, y poco a poco el camino se convierte en senda, que se adentra en la pinada.
Si no nos detenemos mucho, podemos almorzar en lo alto de la peña, que ofrece vistas privilegiadas sobre la Quitranera, el barranco de la Caseta, el Algayat, el Carche, sierra de Crevillente, sierra de Salinas, El Carche, el Cid… A ver si hay suerte (vientos y lluvias desmadradas, ¡teneos!) y podemos ver el otoñal colorido de los viñedos, agotados tras su esfuerzo por dar su mejor fruto (el jueves 6 descargaban remolques uno tras otro en la Cooperativa de La Romana), dado que no ha llovido en verano. Arriba, los zagales pueden jugar a espeleólogos en oquedades y cuevas (que lleven frontal o linterna) o entretenerse en una piedra de “abalar” (balancear) –ojo a estas piedras, que suelen ser mágicas-. Nosotros, los adultos, aprovecharemos para hacer las fotos de rigor, y luego iremos hasta el Quinto Pino a hacernos la foto de grupo. De la casa de la Peña tal vez salga ya (si ha refrescado) humo que adorne la instantánea. Y comenzamos el descenso por la suave inclinación de la meseta y luego por la senda que se dirige precipitadamente hacia el collado de Victoriano. Cuando se bifurque, a la derecha, ¡ar! Ahora tenemos un amplio panorama de pinos y veremos a nuestra dcha. la sierra de las Pedrizas y a nuestra izq., refulgiendo un cortijo andaluz, la casa de la Zafra, que bordearemos camino del mirador del Pino (vista del valle de Elda) y del Alto de las Pedrizas, que creo va a quedar para los voluntarios. Bajaremos por una pista (maltratada por las lluvias del viernes 28) que flanquea el barranco del León o de Castellón, un barranco de desagüe. Nos dejamos caer hasta que al final de un ramal de la pista, que sube y penetra en la ladera, nos deja al alcance de la mano el cordal de la sierra de las Pedrizas, desde donde avistaremos La Romana, la cantera de mármol rojo, y las villas de La Romana (no sé si con envidia o con rabia), que poco a poco van haciendo nacer otra población y otro modo de vida. Eso sí: el lugar está muy escogido, al abrigo de vientos y orientado al suroeste. Es la 3ª línea de playa que los europeos supieron ver hace ya años. Lo bueno es que allí, a la entrada de esas parcelas, está el restaurante El Mirador, que lleva funcionando seis meses. Carmen (Mamen) es una cocinera extraordinaria. El pulpo a la gallega, buenísimo; la almejas al vapor, sabrosas; y el arroz con bogavante, caldoso, para relamerse. El café también lo hacen muy bueno. Podemos ir después de la ruta a hacer gasto y a ver, desde el mirador, de pie, o desde la terraza, sentados, la puesta de sol por detrás de la Quitranera, y respirar hondo el fresquecillo de la noche mientras nos hacen un guiño las primeras estrellas.
¿Por dónde íbamos? Ah, sí. Subiendo por el cerral de la sierra. Una senda, que parece perderse de tanto en tanto, nos lleva hasta el punto geodésico. Foto. Contemplaremos con fruición el barranco de la Caseta y, más lejos, el perfil nítido, recortado en el cielo, del Algayat. Salimos a la pista que une estos parajes y nos explica el nombre de la sierra, nos detenemos un poco en una replana, donde sube casi todos los días el amigo Alfonso, empedernido lector de Azorín. Desde ella, se domina la bonita zona agrícola de la Garaya. Saludamos a la Zafra y comenzamos el tramo final de la ruta por donde hemos subido pel matí. En un amplio giro de la senda hacia la derecha, la abandonamos a la izquierda, por llevar la contraria y conocer la Garaya, y detenernos en una curiosidad: esa especie de ermita o morabito, junto a la casa de Garaya, que se ve en el reportaje fotográfico.
El aire irá tomando esa densidad que le es propia en otoño. Huele a campo trabajado. Después, pasamos por las casas del Derramador, giramos a la derecha y enseguida llegamos a La Romaneta.
Es una pena que la Cooperativa esté cerrada los sábados por la tarde. El marqués de La Romana, crianza del 2009, está bueno. Por eso, vamos al mirador del Mirador, desde el que podemos disfrutar “el espacio sidéreo en que los más bellos astros rutilan. Y una música suave, deliciosa, que se mete en el cerebro y nos trasporta a regiones de misterio y de insospechada vitalidad”, en palabras de Azorín. Palabras que recuerdan esa mística órfica tan bien expresada por Fray Luis de León en su famosa oda a Salinas, el organista ciego de Salamanca:

El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.

Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, os recuerdo que hay toda una serie de órganos históricos en la palentina Tierra de Campos. Os recomiendo ver en internet a Francis Chapelet tocando el de Abarca de Campos (profundo, estremecedor) o el de Autillo de Campos (ligero, excelso), o el majestuoso y refinado de Támara de Campos, que, sostenido sobre una columna que se abre como una palmera (que recuerda a la de San Baudelio de Berlanga) nos eleva y hace ingrávidos. Y sabed, quienes aquesto leáis, que en julio-agosto estos órganos suenan algunos días por las tardes, no tocados por el alma de Maese Pérez (también ciego, como Salinas, Antonio de Cabezón y otros organistas) sino por algunos de los mejores organistas nacionales y foráneos. Bueno, si no os gusta el órgano, imaginad este aire y este cielo escuchando de Javier Paxariño su “Meseta imaginaria”, del CD Ouroboros, “Anninnia”, o “Temurá”, acompañado por Glen Vélez. Y todo estará bien un momento, pues “el día a día nos avasalla y nos olvidamos de pensar en lo que mueve nuestras vidas” (Isabel Coixet).
Salud.
Manolo

Mayalde, recomendado por Manolo

 

 

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